En estado de buena esperanza y 9 meses después

Desde que vemos el Predictor mirándonos fijamente y diciéndonos que SI, ESTÁS EMBARAZADA… (aunque tú ya te lo imaginabas, bonita 😀 ) hasta que llega el bebé… se acumulan un sinfín de momentos, momentitos, momentazos, y momentuchos de todo tipo. Buenos, regulares, malos, super malos… y tanto estrés no es bueno para nosotras. El bebé está bien, siempre está bien porque tú le proteges con todo tu cuerpo. Se alimenta chupi, está calentito y en remojo, oye cosas divertidas como el latido de tu corazón y tus llantos y tus risas y tu voz… y además, en cuanto puede ¡te zumba patadas y puñetazos para divertirse estirándose! ¿qué más le puedes pedir? 😀

En fin, a lo que voy… cuando esperamos, desesperamos… pensamos en cómo será, si estará bien, si es un nene o una nena, si el parto será chungo y difícil o nos vamos a poner la epidural en cuanto nos la ofrezcan y ahorrarnos horas de pupita… y por supuesto, cuando llega es cuando ¡de verdad nos acongojamos máximo!… Respira bien, dormirá a gusto solito, la crema que le pongo en el culete es la mejor, comerá lo suficiente, se le pasarán los puñeteros cólicos que no le dejan descansar (y a mi tampoco)… y el hipo ¿cuándo se pasará el muy cochino?… le espabila casi siempre cuando está quedándose dormidito… ¡Puf, un no parar!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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